Fundación de Ayuda a los Animales

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En 2003, la policia de Warwickshire, Inglaterra, abrieron una caseta en un jardín y encontraron a un perro que gimoteaba, muerto de miedo.
Había sido encerrado en la caseta y abandonado. Estaba sucio y malnutrido. Claramente había sido maltratado.

Por bondad, la policia llevaron al perro, que era una hembra de raza Galgo, a un cercano refugio para animales: The Nuneaton Warwickshire Wildlife Sanctuary. (El Nuneaton Warwickshire Sanctuario para Animales salvajes ).
Este refugio está dirigido por un hombre llamado Geoff Grewcock, y está reconocido como un refugio abierto a animales abandonados y necesitados, y crios huerfanos.

Geoff y las demás personas del equipo del sanctuario comenzaron a trabajar con dos objetivos: restorar la salud de la perra y ganar su confianza.
Les llevó varias semanas conseguir sus objetivos pero poco a poco pudieron curar su cuerpo y conquistar su corazón. La llamaron Jasmine.
Empezaron a organizarse para encontrarla una casa adoptiva.

Un perro ovejero pequeño, feo y valiente, nos tuvo detenidos una vez a varios automóviles durante un rato, porque una oveja de su rebaño estaba rezagada, mordisqueando hierba en la cuneta. Y el chucho seguía quieto, en medio de la carretera como un impasible Don Tancredo, con un ojo en los automóviles y otro en la mala pécora, sin moverse hasta que la tipa cruzó por fin. Entonces le tiró una rutinaria dentellada a los cuartos traseros y se fue detrás, con un trotecillo chulito y la satisfacción del deber cumplido. Fueron dos o tres minutos en que no se oyó ni un solo bocinazo.
Impresionados a pesar nuestro, arrancados por un momento a la prisa y la impaciencia, ninguno de los diez o doce conductores detenidos pudo evitar rendir ese pequeño homenaje al valor concienzudo el animal. Aquel chucho era un profesional.

Esta historia tuvo lugar en Edimburgo (Escocia), ciudad de casas encantadas gimiendo en ruidos inquietantes, de fantasmas errantes transitando las tinieblas sin hallar asidero para el descanso, y, en la que aún colea el tétrico tiempo de los ladrones de cadáveres*.

En la mitad del siglo XIX, cuando la pésima economía de Gran Bretaña ahogaba a Jonh Grey (Jock), un humilde jardinero, el dedo de la urgencia le mostró el camino del escape de la miseria. Y para darle un vuelco a sus penurias con su familia se estableció en la capital.
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Era mala época para la jardinería, por lo que Jock archivó el cuidado de las plantas y se decantó por el cuidado de los vecinos, haciéndose policía. Y, remando contra el viento, convirtiendo en elástica la paga, exprimió cada moneda hasta lograr que su familia pisara terrenos de estabilidad. Sin embargo, a la vida familiar le faltaba un elemento que completar su arraigo y alegrara la dureza de aquellos años. La palabra adopción se asiló en los corazones. A los pocos días un perrito hizo su entrada en la casa.

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